
Las
sondas Voyager de la NASA
han conseguido realmente ir donde nadie ha estado antes. En un
silencioso vuelo sin motor hacia las estrellas, a casi 15.000 millones
de kilómetros de la Tierra, están enviando noticias desde los confines
inexplorados del sistema solar.
Utilizando un modelo informático basado en los datos de las
Voyager, los investigadores de la misión han demostrado que
los límites externos del sistema solar (heliopausa) están repletos de burbujas magnéticas gigantes, de unos 160 millones de kilómetros de ancho, por lo que las sondas tardarían semanas en cruzar una de ellas.
"El campo magnético del Sol se extiende todo el camino hasta el borde
del sistema solar", explica Opher. "Debido a que el sol gira, su campo
magnético se retuerce y arruga, como la falda de una bailarina. Lejos,
muy lejos del sol, donde las Voyager están ahora, los pliegues de la
falda se amontonan", añade. Cuando un campo magnético se ve severamente
doblado como en este caso, pueden suceder cosas interesantes. Las
líneas de fuerza magnética se entrecruzan,
y "conectan" -reconexión magnética, el mismo proceso energético
subyacente a las erupciones solares-, y los "pliegues de la falda"
tienden a
reorganizarse, a veces de forma explosiva, en espuma de burbujas magnéticas.
"No esperábamos encontrar algo así en el borde del sistema solar,
pero ahí está" dice Jim Drake, coautor del trabajo que publica la
revista
Astrophysics. "Las burbujas magnéticas parecen ser nuestra primera línea de defensa contra los rayos cósmicos", añade Opher.
La heliofunda
Teorías de la década de 1950 habían previsto un escenario muy
diferente, en el que se suponía que el campo magnético distante se
curvaba alrededor de arcos y que con el tiempo se replegaba para
reunirse con el sol. En realidad, estas burbujas parecen ser autónomas y
de forma sustancial están desconectadas del amplio campo magnético
solar.
La
estructura del campo magnético solar distante -con o sin espuma- tiene una aguda importancia científica, ya que
define la forma en que interactúa con el resto de la galaxia. Los investigadores llaman a la región donde las
Voyager están ahora, que ejerce de frontera entre el Sistema Solar y el resto de la Vía Láctea, "la
heliofunda".
Las sondas
Voyager 1 y 2
fueron lanzadas al espacio en 1977 y ahora se encuentran a más de 14
mil millones de kilómetros de la Tierra, por lo que se han convertido en
los instrumentos artificiales más lejanos jamás enviados por el hombre.
Voyager 1 entró en la denominada "zona de espuma" en torno a 2007, y
Voyager 2 le siguió un año más tarde.