En la actualidad, el laboratorio de Ferrari está desarrollando unas nanoestructuras llamadas micelas. Tienen forma de medusa y cuentan con un núcleo hidrofóbico -resistente al agua-, por lo que son insolubles hasta alcanzar la zona afectada. "Como sellan por completo los fármacos que transportan, nada se pierde cuando llegan a la célula cancerosa. Esta las deja penetrar hasta su núcleo, donde liberan la carga sin dar tiempo a que el tumor ponga en marcha sus mecanismos de defensa", indica el doctor Blanco.
La medicación sale de la estructura mediante una especie de tentáculos en forma de polímeros y se cuela a través de la angiogénesis, mecanismo que utilizan las invasoras malignas para proveerse de sangre y alimentarse. "Este proceso biológico es caótico, lo que quiere decir que deja huecos muy pequeños. Nosotros los aprovechamos para insertar los fármacos que portan las micelas", explica el especialista.
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